Tanto por escribir en el cielo las leyendas pasadas
que las manos se me inflamaron de locura,
el espacio invadió mi pecho y retorné de nuevo al viento,
caminé por las estrechas calles de un sueño enrojecido
y en la garganta un grito de colores me esperaba girando en la esquina,
rumbo a tierras desconocidas caminé
con los pies húmedos de recuerdos
y en mis ojos el silencio regalado de un amor lejano.
Como sed de lo anhelado
como piedra volcánica que acompaña,
como horizonte de horas azules
como todo, como un todo y
rendida caigo ante la fuerza mágica,
aquella en la que reposo y respiro.






